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Poesía indígena en Querétaro: Ecos del Festival de Lengua, Arte y Cultura Otomí

Gracias a los gestores culturales que radican en la capital queretana, la propuesta cultural de ésta se matiza y ofrece la posibilidad, si tenemos curiosidad y revisamos las carteleras, de encontrar entre sus ciclos de cine, festivales, mesas de especialistas, presentaciones editoriales, tertulias y más, presencia de  diversidades culturales y lingüísticas. Ciertamente esto no debe extrañarnos pues Querétaro es tierra otomí, no importa cuántas capas de maquillaje le otorgue el turismo de “fotografía”. 

De entre esas opciones, el Festival de la Lengua, Arte y Cultura Otomí (FLACO), tras diez años ininterrumpidos de realizarse se ha consolidado como un foco que, durante el mes de febrero, abreva una oferta sustentada en diálogos con creadores y estudiosos de temas referentes a lenguas y culturas originarias. Un par de líneas interesantes son las presentaciones editoriales y recitales/diálogos literarios.

Una mesa de poetas indígenas conformada por: Martín Tonalmeyotl, nahua; Norma Robles, wixarika; Rosa Maqueda, hñähü; y Elena Gómez, tseltal. El panel estuvo compuesto por las distintas vertientes de esta literatura: docentes que tras años de carrera exploran las letras conformándose en colectivos, promotores comunitarios que escriben por la necesidad de avivar el uso escrito de sus idiomas y, finalmente, las plumas consolidadas, las que documentaron la tradición oral, recrearon las memorias comunitarias y ahora ofrecen poemas, narrativas, creaciones novedosas y, además, trastocan la crítica cuestionando labores y objetivos del movimiento literario indígena.

Una de las principales preocupaciones de estas voces es la inmersión de sus letras en las comunidades de origen y las personas que podrían leer los textos originales, pues las ciudades leeemos las traducciones al español. Inevitablemente se adhiere el enfoque educativo, cómo vincular esos acervos literarios para contribuir en procesos escolares, formales e informales, y resarcir el analfabetismo en lenguas indígenas, a pesar de las latitudes tan distantes y el desfase en los estados de su propuesta literaria; todos coincidieron en la urgencia de atender esos temas.

Esto nos ofrece pistas para reflexionar: los avances de las elites amerindias, porque también lo son, en focos visibles como las redes sociales y los centros urbanos que arropan las diversidades y, por otro lado, el letargo para que esos logros desborden sus fronteras y se derramen en las poblaciones indígenas, quizá sea cuestión de tiempo, porque los avances son palpables. Habrá que poner atención en Querétaro, su nutrida capa de población otomí y los proyectos que buscan apoyar sus procesos lingüísticos y culturales

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